Compendio de Psicología
Wilhelm Wundt

 

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IV. – DESARROLLOS PSÍQUICOS

 

§ 19.—Propiedades psíquicas de los animales.

 

1. El reino animal presenta una serie de desarrollos psíquicos, que podemos considerar como los grados antecedentes del desarrollo psíquico del hombre, en cuanto la vida psíquica de los animales se revela como semejante á la del hombre, por sus elementos y por las leyes más generales de conexn de estos elementos.

En los animales ínfimos (protozoarios, celenterados, etc.), ya se observan manifestaciones vitales que hacen pensar en procesos de representación y de voluntad. Después de haberlo visto, agarran espontáneamente su alimento, huyen de los enemigos que les siguen, etc. Asimismo, en grados muy inferiores, se encuentran huellas de asociaciones y reproducciones, especialmente de procesos de conocimiento y reconocimiento sensitivos, que se perfeccionan en los animales superiores únicamente por la mayor variedad de las representaciones y por el mayor tiempo sobre el cual se extienden los procesos de memoria. En general, no concuerdan menos las formas de las representaciones sensitivas. Esto es lo que podemos inferir de las disposiciones homogéneas y del desarrollo de los órganos de los sentidos; sólo que en los seres inferiores,  las funciones sensitivas se limitan al sentido general del tacto de un modo correspondiente al estado primitivo en el desarrollo individual de los organismos superiores.

Pero, en contra de esta homogeneidad de los elementos psíquicos y de sus conexiones más simples, existen diferencias bastante grandes en todos los procesos que se asocian con el desarrollo de la apercepción. Mientras que nunca faltan apercepciones pasivas como fundamento de los simples actos impulsivos, que se verifican en todas partes, los procesos de apercepción activa, bajo la forma de atención dirigida voluntariamente á determinadas impresiones y de una selección entre motivos diversos, sólo se encuentran probablemente en animales más desarrollados. Sin embargo, también en estos quedan limitados á las representaciones suscitadas por impresiones sensitivas directas, por lo que tampoco de los animales más adelantados en la evolución psíquica, se puede hablar de funciones intelectuales en sentido estricto, ni de actividad fantástica é intelectual; á lo sumo se puede uno referir á huellas aisladas y comienzos. A esto, ciertamente, también se agrega que los animales superiores pueden manifestar, mediante variados movimientos expresivos, á menudo afines á los humanos, sus emociones y hasta sus representaciones, en cuanto se hallen ligados á emociones; pero que no obstante carecen de un lenguaje desarrollado.

2. Si, á pesar de la homogeneidad cualitativa de loa procesos psíquicos fundamentales, el desarrollo de los animales queda atrás del de el hombre, también en muchos casos les es superior en un doble respecto; en primer lugar por la rapidez del desarrollo psíquico y luego por ciertas direcciones funcionales unilaterales favorecidas por los modos especiales de vida de una especie animal determinada. La mayor rapidez del desarrollo psíquico se manifiesta en que muchos animales bastante pronto, algunos de repente después del nacimiento, son capaces de formar representaciones sensitivas relativamente precisas y de ejecutar movimientos que respondan á un propósito. En este respecto se encuentran en los animales superiores grandísimas diferencias; por ejemplo el pollo apenas salido del huevo, comienza pronto á picotear el grano, mientras que el perro recién nacido es ciego y presenta durante largo tiempo movimientos no coordenados. Sin embargo, parece ser que el desarrollo humano, es el más lento y en máximo grado dependiente de ayudas y de cuidados exteriores.

3. Aún más sorprendente es el desarrollo funcional  unilateral que presentan algunos animales que se manifiesta en actos impulsivos determinados, conexos por lo regular con ciertas necesidades de nutrición, de reproducción ó de defensa ó en el desarrollo de ciertas representaciones sensitivas y asociaciones que entran como motivos en aquellos actos impulsivos. Tales impulsos unilateralmente desenvueltos se llaman instintos.  La opinión de que el instinto es una propiedad que sólo pertenece á la conciencia animal y no á la humana es absolutamente contraria á la psicología, hallándose también en contradicción con la experiencia. La disposición á hacer externos los impulsos animales generales, sobre todo el impulso para la nutrición y para la reproducción, es innata, tanto en el hombre como en el animal. Lo peculiar de muchos animales es únicamente el modo especial de exteriorizar estos impulsos, consistente en varias acciones complejas que responden á un propósito; pero también los animales se producen en este respecto de maneras sumamente diferentes. Son numerosos los animales, tanto inferiores como superiores, en los que, como en el hombre, no presentan propiedades especiales las acciones procedentes de instintos innatos. Es también digno de notarse que la domesticidad de los animales debilita por lo general las manifestaciones instintivas propias del estado salvaje; pero es susceptible, por otra parte, de producir nuevos instintos que pueden considerarse como modificaciones de aquellos instintos salvajes, como, por ejemplo, los perros de caza especialmente los perros de muestra, bracos y otros semejantes. El grado da desarrollo relativamente elevado alcanzado por ciertas tendencias instintivas en los animales en comparación con el del hombre, se asocia evidentemente con su más unilateral desarrollo, por el cual la vida psíquica de los animales suele explicarse casi por completo en aquellos procesos coasociados con el instinto dominante.

4. En general se puede considerar á los instintos como acciones impulsivas que nacen de sensaciones y de sentimientos sensoriales. El punto de partida fisiológico en las sensaciones que con especialidad determinan los instintos son los órganos de nutrición y los de reproducción. Todos los instintos animales pueden muy bien reducirse simplemente á las dos clases de instintos de nutrición  y de reproducción; pero entonces, con especialidad á estos últimos en sus manifestaciones más complejas, se agregan siempre impulsos auxiliares de defensa é impulsos sociales que, por su origen, se deben considerar como modificaciones especiales del instinto de la generación. Y aquí encuentran su lugar los instintos de muchos animales para construir casas y nidos, como el castor, las aves, numerosos insectos (arañas, avispas, abejas y hormigas) y además los matrimonios animales comunes especialmente entre la clase de las aves, las cuales presentan, ora la forma monogámica, ora la poligámica. En fin, aquí se deben colocar también las llamadas sociedades animales de las abejas, de las hormigas y de las termitas. En realidad no son sociedades, sino vínculos genéticos, en las que el instinto social que tiene reunidos á los individuos de una familia, así como también el instinto de defensa común á ellos, están subordinados al impulso de reproducción.

En todos los instintos las acciones impulsivas del individuo parten de ciertos estímulos sensitivos, en parte externos, en parte internos. Las mismas acciones deben, con todo, atribuirse á los actos impulsivos ó actos volitivos simples, porque ciertas representaciones y sentimientos les preceden y acompañan como motivos simples. La naturaleza de las acciones, compuesta y fundada en disposiciones innatas, sólo puede encontrar su explicación en las propiedades del sistema nervioso hereditarias de especie á especie. Por estas propiedades, ciertos mecanismos reflejos innatos se ponen en acción á consecuencia de ciertos estímulos sin ningún ejercicio del individuo. La acción de estos mecanismos conforme al propósito sólo puede considerarse como un producto del desarrollo psicofísico dé la especie. Y, á favor de esta interpretación, se halla también el hecho de que los instintos, no sólo admiten variadas modificaciones individuales, sino también cierto perfeccionamiento por parte del ejercicio individual. Así el ave aprende poco á poco á construir su nido del modo más perfecto. Las abejas adaptan sus construcciones á necesidades mudables. En lugar de fundar una colonia nueva, una familia de abejas amplia la construcción ya habitada cuando tiene á su disposición el espacio necesario, una familia cualquiera de abejas y de hormigas puede hasta adquirir hábitos anormales; por ejemplo, una familia de abejas tiene el hábito de robar la miel de otras colmenas vecinas antes que recogerlo ella misma, ó bien una familia de hormigas tiene el hábito maravilloso de hacer esclavos á los individuos de otras familias ó de criar gorgojos como animales domésticos que les dan su alimento. El origen explicable, la consolidación, la heredabilidad de tales hábitos indican claramente el modo en que pueden haber salido instintos complicados. Jamás se presenta un instinto aislado sino en géneros y especies afines, formas más simples de un mismo instinto. Así la cavidad que la avispa de pared hace en un muro para depositar sus huevos puede considerarse como el ejemplo primitivo de las ingeniosas construcciones de las abejas. Entre los dos, como anillo intermedio natural, está la construcción relativamente simple de la avispa común, constituida por pocas celdas hexagonales cementadas unas con otras mediante sustancias vegetales.

Los instintos más complejos se pueden, pues, explicar como productos de la evaluación de impulsos originariamente simples que siempre se diferenciaron más en el curso de numerosas generaciones mediante hábitos individuales que poco á poco se reúnen, se consolidan y se transmiten por herencia. Por eso cada proceso habitual puede considerarse como un grado en esta evolución psíquica. La transformación gradual del mismo en una disposición innata se halla, no obstante, derivada de los procesos psicofísicos del ejercicio, por los cuales actos volitivos compuestos pasan poco á poco á movimientos automáticos que siguen inmediatamente, como reflejos, á las impresiones  correspondientes.

5. Si, en conformidad con la psicología comparada,  se trata de resolver la cuestión de la relación genética del hombre con los animales, considerando la homogeneidad de los elementos psíquicos y de sus formas de conexión, tanto de los más simples como de los más generales, se debe admitir la posibilidad de que la conciencia humana se haya desenvuelto de una forma inferior de conciencia animal. También esta hipótesis ofrece psicológicamente una gran probabilidad porque, si de un lado la serie animal ya presenta diversos grados de desarrollo psíquico, de otro cada hombre particular recorre un desarrollo análogo. Si la historia de la evolución psíquica nos conduce, en general, de este modo, á un resultado que confirme la teoría de la evolución física, no se debe con todo desconocer  que las diferencias psíquicas entre el hombre y los animales, tal y como resaltan en los procesos intelectuales y afectivos procedentes de las combinaciones aperceptivas, son incomparablemente más profundas que las diferencias físicas. Asimismo, como sufre únicamente pequeñas variaciones por la influencia de la educación, la gran estabilidad del estado psíquico de los animales hace que sea sumamente improbable que cualquiera de las especies actualmente vivientes pueda nunca sobrepujar por el lado psíquico los limites ya alcanzados.

5 a. Las teorías que intentan definir psicológicamente la relación entre el hombre y los animales oscilan entre dos extremos, esto es, entre la opinión dominante  en la antigua psicología de que las facultades psíquicas más elevadas, especialmente la razón, faltan completamente en los animales, y la opinión extendida entre los mantenedores de la psicología animal especial,  de que los animales son perfectamente iguales al hombre en todo, incluso en la facultad de reflexionar, de juzgar y de concluir, en sus sentimientos morales, etc. Caída la psicología de las facultades, la primera de estas opiniones ha llegado á ser insostenible. La segunda  se basa en la tendencia, difundida en la psicología popular, de interpretar todos los hechos que puedan  objetivamente observarse transformándolos en modos del pensamiento humano y en reflexiones lógicas. Pero una indagación más honda de las manifestaciones de la llamada inteligencia animal demuestra que se deben entender constituidas por simples actos de reconocimiento sensitivo Ó por asociaciones, mientras que les faltan aquellas propiedades que pertenecen á los verdaderos conceptos y á las operaciones lógicas. Ahora bien; puesto que los procesos asociativos pasan continuamente á los aperceptivos y los comienzos de estos últimos, simples acciones activas de atención y de elección, se presentan, sin duda, en los animales superiores, también esta diferencia debe, por lo demás, entenderse sin más, más bien como una diferencia de grado y de composición  que como una diferencia en la naturaleza de los procesos psíquicos.

En las más antiguas direcciones de la psicología, tanto en las de la psicología de las facultades como en las de la intelectualista (§ 2), los instintos animales presentan una dificultad especialísima. Puesto que el intento de derivar tales instintos de condiciones individuales condujo, especialmente en los instintos más complejos, á una apreciación completamente inverosímil de las funciones psíquicas, se concluyó con frecuencia por declararlas inconcebibles, ó lo que equivale á lo mismo, por calificarlas de efectos de representaciones innatas. Este enigma de los instintos deja de ser insoluble  cuando, como se ha hecho atrás, se conciben los instintos como formas especiales de manifestaciones impulsivas en los animales y en los hombres, análoga á las más simples manifestaciones impulsivas psicológicamente  comprensibles. Aquí, pues, en los fenómenos de ejercicio, que fácilmente se observan, especialmente en el hombre, por ejemplo, en el ejercicio de movimientos  complicados, como en el de tocar el piano, se puede establecer el tránsito de las acciones volitivas originariamente compuestas, á movimientos impulsivos y reflejos. A esta interpretación de los instintos se ha objetado que es imposible poner de manifiesto en la experiencia la transmisión hereditaria en ella supuesta, de variaciones adquiridas individualmente, no siendo de ninguna manera posible practicar, por ejemplo, observaciones seguras sobre la transmisión de mutilaciones, como á menudo se afirmaba antes. Algunos biólogos admiten que todas las propiedades de los organismos deben derivarse de una selección, la cual se verifica por la supervivencia de los individuos mejor adaptados á las condiciones naturales, y, por consiguiente, de una selección natural externa, y que sólo esta selección natural externa es lo que puede producir variaciones en las disposiciones del embrión que se transmiten á los descendientes. Aunque pueda concederse que una propiedad adquirida por un solo individuo no tiene generalmente ninguna influencia hereditaria, no se puede, sin embargo, comprender por qué actos habituales, ciertamente suscitados indirectamente por condiciones naturales externas, pero que primeramente se fundan en propiedades psicofísicas  internas de los organismos, no puedan producir,  en el caso de que obren á través de varias generaciones, imitaciones en los esbozos embrionales, tanto como las influencias directas de la selección natural. En favor de esta conclusión está también la observación  de que, especialmente por el hombre, se heredan ciertos movimientos expresivos particulares y algunas habilidades técnicas. Como se comprende, esto no excluye en ningún caso la cooperación de las influencias naturales externas, de acuerdo con los hechos de la observación; pero estas influencias requieren un doble modo de obrar: en primer lugar, un modo directo, en el cual el organismo sólo se modifica pasivamente por la acción de la selección natural, y en segundo lugar, un modo indirecto, en el cual las influencias externas determinan por de pronto reacciones psicofísicas, que son luego la causa primera de las modificaciones que sobrevienen. SÍ se excluye este último modo de obrar, no sólo se ciega una de las principales fuentes para el conocimiento de la finalidad manifiesta en grado eminente  en los organismos animales, sino que, de un modo más especial, se hace también imposible la explicación psicológica de la evolución gradual de los actos de la voluntad y de su transformación regresiva en reflejos con caracteres de finalidad, cual se nos presenta en un gran número de movimientos expresivos innatos (§ 20, 1).